Gracias a la confesión de Toyo Ishii (enfermera de ex-militares), tras más de 60 años de silencio, se ha descubierto que la antigua escuela de medicina de Tokio, tuvo relación directa con la Unidad 731 del ejército, que realizó experimentos con presos, haciendo intentos por desarrollar armas de destrucción masiva.
Por ese motivo, se han comenzado excavaciones en los terrenos de la escuela de medicina, para intentar localizar los restos de aquellos que sin quererlo, fueron víctimas de la guerra biológica.
La existencia de la Unidad 731 ya ha sido reconocida con anterioridad por las autoridades japonesas y, últimamente aparecen cada vez más, evidencias documentales de sus oscuras actividades.
Guardian
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